Quiero que mi pareja cambie

¿Le has dicho alguna vez a tu pareja que no te gusta algo?

Cuando comenzamos una relación de pareja el otro nos parece perfecto, justo la persona que buscábamos, no nos molesta nada. La pareja ideal. Vemos algún “defectillo” pero nada importante. “Nada que no se pueda cambiar con el tiempo”, pensamos.

¿Pero qué pasa cuando llevamos un tiempo con nuestra pareja?

Esas cosas que antes pasabas por alto ahora “te sacan de quicio”. Cuando elegimos a una persona para compartir nuestra vida, es porque nos gustó tal y cómo es, pero a veces, cuando la pasión comienza a disminuir, empezamos a rechazar aquellas características del otro que en un inicio nos habían resultado hasta atractivas o neutras.

En estos momentos empezamos a pedir los cambios en el otro.

Esta concepción del cambio para mantener la relación está bastante extendida. Muchos aceptan cambiar ciertos aspectos de su vida por continuar con la relación pero ¿crees que esto es sano?. ¿Consideras que para que la pareja funcione uno de los dos tiene que cambiar por el otro?

Es cierto que para que una relación  funcione es necesario dos personas comprometidas, que piensen en el otro e incluso a veces que renuncien a ciertas cosas.  Pero en el momento en que cambiamos estamos perdiendo parte de nuestra esencia, de nuestro “yo”.

Si yo cambio mis pensamientos, actuaciones, comportamientos, aficiones o carácter por otro, dejo de ser yo mismo. Me convertiré en un falso yo, sin sentido y sin forma.

¿Qué hacemos para no caer en esto?

Tenemos que aceptar que en una pareja cada uno de los miembros son diferentes, al igual que en la vida. Cada uno tiene sus formas de pensar, de ver la vida y de actuar y siempre y cuando no haya faltas de respeto hay que intentar entenderlas. Si queremos que la relación con nuestra pareja funcione tenemos que escuchar, aceptar y respetar las ideas del otro.

No podemos permitir que nos cambien y no podemos exigir que el otro cambie por nosotros. Debemos entender la pareja comprendiendo la complementación, es importante pensar en el “nosotros” pero sin olvidarse del “yo”. Combinar el crecimiento personal con el crecimiento en pareja. Es necesario cultivar y enriquecer la pareja, pero también es necesario cultivar y enriquecernos a nosotros mismos, si no lo hacemos la pareja no conseguirá la felicidad plena.

Cuando crecemos de forma individual favorecemos nuestra autoestima, conseguimos un equilibrio interno y una satisfacción que será uno de los pilares de nuestra pareja. Si entendemos que nadie es perfecto, conseguiremos entender al otro. Se trata de ir día a día, avanzando y trabajando sobre uno mismo y apoyándonos en la mano del otro.  

Cultivarnos a nosotros mismos y preocuparnos por el crecimiento personal del otro, hará olvidar el “tienes que cambiar”.

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